ARTÍCULO DE OPINIÓN

La crisis del Covid 19 ha modificado la forma de entender las ciudades. Todo lo que hasta ahora ofrecían las grandes capitales y que constituían su valor añadido se ha convertido, tras la pandemia, en problemas. De ahí que el distanciamiento sanitario impuesto por el coronavirus abra oportunidades a las ciudades que, despectivamente, han sido llamadas de provincias, descritas siempre como cerradas y tradicionales, al estilo de la Vetusta en La Regenta.

El ninguneo por parte de las grandes urbes se ha acabado. Es el momento de las ciudades medias, sin las grandes concentraciones de población y sin las carencias de servicios que sufren los pueblos. Los debates y reflexiones que se están abriendo en todo el mundo a raíz de la crisis sanitaria se encaminan hacia esa dirección. Hasta el punto de que expertos como el catedrático de Urbanismo José Fariña advierten de la necesidad de “dividir las grandes ciudades en piezas más o menos autónomas capaces de responder individualmente a los nuevos requerimientos de un planeta superpoblado y globalizado”. Es decir, el debate internacional apunta a que las megaurbes se transformen a semejanza de las ciudades medias.

La pregunta es obvia: ¿preferirá el nuevo mundo el modelo original o la copia? El urbanista colombiano Carlos Moreno, desde la universidad parisina de La Sorbona, plantea la ciudad de los 15 minutos, con una visión policéntrica de las ciudades donde desarrollar en distancias cortas las seis funciones sociales urbanas: alojarse, trabajar, aprovisionarse, cuidarse, aprender y descansar.

Es ahí donde aparece la ventaja para las pequeñas urbes. Arquitectos urbanistas como Luis Frade hablan de las oportunidades que en el nuevo tiempo surgen para “ciudades medias de alta calidad”: domésticas y equipadas, tomando como ejemplo a las de los países nórdicos. Ciudades con historia, pero también con futuro, en las que los ciudadanos tengan un propósito para estar (un trabajo), rodeados de espacios verdes y apoyados en las nuevas tecnologías que les sirvan para estar conectados con el resto del planeta.

Estas oportunidades deben apoyarse en la regeneración del sentimiento de amar el lugar donde vives. Y por ahí vamos bien. Ese sentimiento lo poseemos de serie los alcoyanos. Sólo hay que preguntarles a nuestros vecinos cercanos, si creen que estamos orgullosos de ser de Alcoy. Ahora bien, eso no impide preguntarse de forma sincera: ¿es Alcoy un lugar donde vivir, comprar, trabajar, cuidarse, estudiar y divertirse?

No tenemos grandes distancias que cubrir a bordo de masificados transportes públicos. Poseemos, si lo cuidamos y potenciamos, un comercio de proximidad variado que nos permite prescindir de grandes y repletos centros comerciales. Y tenemos el privilegio de estar rodeados por dos parques naturales.

Disponemos de las infraestructuras culturales necesarias para ofrecer una programación cultural de calidad y de carácter cosmopolita. Estar orgullosos de lo propio no debe ser obstáculo para estar abiertos al resto de oferta cultural española y mundial. Sobre todo porque no debemos perder de vista la posibilidad de que los desplazamientos puedan quedar muy limitados. Esa restricción nos puede situar en el mapa de turismo de proximidad, por lo que debemos convertir nuestra oferta en una opción económica complementaria de la que disfrutamos en la Costa Blanca.

Pero, principalmente, hemos de potenciar la industria. Existe un mercado nacional y europeo que puede abastecerse desde nuestras fábricas y de aquellas que debemos ser capaces de atraer con nuevo suelo industrial y, además, con una oferta de ciudad media de alta calidad para vivir. La clave está en apoyar los nuevos proyectos empresariales (no celebrar su retirada, como lamentablemente está haciendo el Gobierno local) y conseguir que los fondos de inversión, presentes en muchas de nuestras firmas, encuentren un clima favorable para el desarrollo de su trabajo, no demonizarlos desde ideologías trasnochadas.

En definitiva, desde el Ayuntamiento de Alcoy debemos trabajar duro para situarnos a la vanguardia del nuevo modelo de ciudad que los expertos plantean tras la compleja realidad que nos deja el coronavirus. Debemos transformar la ciudad para alcanzar metas reales aprovechando las nuevas oportunidades. Ahí va a estar el Partido Popular: trabajando para conseguir nuestro objetivo de conducir a Alcoy hacia un futuro esperanzador, más allá de eternas e incumplidas promesas electorales.

Francisco Cantó Coloma

Concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Alcoy