
El PAS Alcoi se hace fuerte en casa y supera al Reus
11 enero, 2026
El PP de la Montaña denuncia que Correos está dejando sin servicio o con grandes retrasos las zonas rurales de L’Alcoià y el Comptat
12 enero, 2026Artículo de opinión de Rafael Balaguer
Hay días en los que la ciencia se queda corta para explicar lo que ocurre. Y en Alcoy, el 5 de enero, eso pasa más a menudo de lo que uno estaría dispuesto a admitir. Los meteorólogos anunciaban nieve justo a la hora de la cabalgata, y no una nevadita simpática, sino un temporal capaz de arruinar la tarde mágica del año. Las previsiones eran claras. los mapas no dejaban lugar a dudas y los avisos se multiplicaban. Pero yo, quizá por fe, quizá por cabezonería, dije lo que muchos pensaban en silencio: si de verdad son magos, harán que la cabalgata salga adelante.
Y mira por donde, los magos hicieron de mago.
Contra todo pronóstico, contra los modelos, contra los satélites y contra la lógica, la cabalgata se celebró, No con un cielo despejado – tampoco vamos a pedir milagros de categoría celestial -, pero si con una simple llovizna que, lejos de empañar la ilusión, la hizo brillar un poco más. Porque hay algo profundamente poético en ver a Melchor, Gaspar y Baltasar avanzar entre paraguas, sonrisas y ese olor a humedad que anuncia que el invierno está vivo.
La meteorología es una ciencia admirable, pero la cabalgata de Alcoy pertenece a otro orden de cosas. No se rige por isobaras ni frentes atlánticos, sino por una fuerza que no aparece en los manuales: la voluntad colectiva de un pueblo que no concibe un 5 de enero sin su magia. Y cuando miles de personas desean lo mismo con la misma intensidad, quizá no cambian el clima, pero si cambian el curso de los acontecimientos.
Al final, lo que ocurrió no fue solo que la cabalgata se celebró. Lo que ocurrió es que, por unas horas, volvimos a creer que lo imposible puede torcerse a nuestro favor. Que la tradición pesa más que las nubes. Que la ilusión es un fenómeno atmosférico propio, capaz de abrirse paso entre cualquier pronóstico.
Así que sí: los meteorólogos hicieron su trabajo. Pero los Reyes Magos hicieron el suyo y una vez más, ganaron ellos.
Rafael Balaguer García
Coordinador Comunicación de SCdA



